Cómo los mamíferos conquistamos el planeta

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Pablo Rodríguez Palenzuela, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Decir que somos mamíferos es una afirmación que no tiene controversia. Sin embargo, solemos pasar por alto todo lo que hemos adquirido a lo largo de nuestra evolución y que compartimos con muchas de las especies de este grupo. Ser mamíferos afecta a nuestro comportamiento y a nuestro día a día.

Nuestra historia comienza hace más de 300 millones de años en la era Primaria. La Tierra era un lugar cálido y húmedo, con un solo continente (Pangea) cubierto de espesos bosques de helechos y musgos. Fue entonces cuando se produjo una división fundamental en los animales terrestres. Una rama daría lugar a los mamíferos. La otra, a los reptiles modernos, los dinosaurios y las aves. Estos dos linajes evolucionaron frente a frente, alternándose en el dominio de la Tierra.

Durante este periodo inicial, los protomamíferos adquirieron dos características fundamentales, presentes en los mamíferos actuales: su “sangre caliente” y el pelo.

El término “sangre caliente” es inadecuado, ya que un lagarto puede alcanzar los 50 ⁰C si se tumba al sol. Lo correcto es hablar de homeotermia. Se trata de un sofisticado sistema de control metabólico que permite mantener la temperatura corporal constante, con independencia de que haga frío o calor.

Las razones de la aparición de este rasgo no están del todo claras, ya que conlleva un altísimo coste energético: un mamífero tiene que comer en un solo día lo mismo que un reptil de tamaño equivalente en un mes. Las razones de su éxito evolutivo parecen no estar relacionadas con la temperatura en sí, sino con la capacidad de realizar ejercicio físico sostenido en el tiempo. Los reptiles pueden moverse rápido, pero durante un tiempo corto. Después necesitan un largo plazo de recuperación.

Es necesario un metabolismo elevado para mantener la carrera durante horas como hacen los lobos cuando cazan.

El pelo constituye un material de aislamiento térmico formidable. Los científicos creen que apareció durante la era Primaria, aunque es muy posible que su función inicial estuviera relacionada con la percepción y no con el aislamiento.

Se han encontrado fósiles que tienen una hendidura craneal para alojar el nervio trigémino, lo que indica que debía haber pelos sensitivos alrededor del hocico, como tienen los gatos actuales. Una vez aparecida la maquinaria bioquímica para fabricar pelos sensores, estos debieron generalizarse a todo el cuerpo con la función nueva de aislamiento térmico.

Supervivientes de la extinción del Pérmico

La era Primaria terminó con uno de los desastres naturales más importantes ocurridos en la historia de la Tierra: la extinción del Pérmico. Se calcula que el 70 % de las especies de vertebrados terrestres desaparecieron en poco tiempo.

El culpable de esta catástrofe fue un periodo de actividad volcánica que provocó un calentamiento global al expulsar a la atmósfera millones de toneladas de CO₂.

La era Secundaria que vino después vio cómo los protomamíferos perdían influencia ante un nuevo grupo de animales: los dinosaurios. A pesar de haber perdido su preminencia, los protomamíferos adquirieron nuevas e importantes características a lo largo de esta era. La más importante fueron los dientes.

En general, los dientes de los reptiles son todos iguales. Los mamíferos, en cambio, exhiben una tremenda especialización: desde incisivos a caninos, cada tipo sirve para fines diferentes y son muchísimo más eficaces para procesar la comida.

El punto culminante fue el desarrollo del molar, dotado de una estructura de crestas y valles que permiten masticar con tremenda eficacia. Además, la dentadura superior e inferior de la mayoría de los mamíferos permite un acoplamiento perfecto, lo que significa una gran capacidad de morder, rasgar y triturar. La contrapartida es que los mamíferos tenemos dos juegos de dientes para toda la vida, los de leche y los de adulto. En cambio, si un reptil pierde un diente, simplemente le crece otro.

La capacidad de producir leche para alimentar a las crías es la característica que nos da nombre a los mamíferos y surgió en la era Secundaria. Los expertos se inclinan a pensar que la leche deriva de fluidos ricos en sustancias antimicrobianas, cuya función era defender a las crías de infecciones, más que alimentarlas.

Este rasgo debió resultar muy ventajoso, ya que evolucionó hacia el desarrollo de la glándula mamaria y la producción de una sustancia rica en alimento. La lactancia permite aislar temporalmente a las crías de las incertidumbres del medio. Por ejemplo, si de repente los insectos escasean, los polluelos de las aves tienen un problema serio. La contrapartida es que impone a la madre un considerable estrés metabólico, al verse a obligada a encargarse a la vez de sus propias necesidades energéticas con la enorme demanda que implica la producción de leche.

Hace unos 200 millones de años aparecieron los primeros animales que la ciencia reconoce como mamíferos: eran homeotermos, tenían pelo, dientes especializados y producían leche.

La placenta, el último invento de los mamíferos

El otro gran invento de los mamíferos fue la placenta. Se produjo algo después, hacia el final de la era Secundaria, y no todas las especies actuales poseen este rasgo. Los marsupiales tienen tan solo una placenta básica, de ahí que las crías de canguro y zarigüeya tengan que desarrollarse en gran medida después del parto.

Los monotremas, un grupo muy antiguo de mamíferos del que solo quedan dos especies (ornitorrinco y equidna), todavía ponen huevos.

La era Secundaria tuvo un final abrupto el día en que un meteorito impactó en los que hoy es el golfo de México. Los supervivientes sufrieron terremotos y huracanes nunca vistos. Las plantas murieron por falta de luz y los ecosistemas cayeron como un castillo de naipes.

Se estima que más del 50 % de las especies se extinguió, entre ellas todos los dinosaurios que habían dominado el planeta durante casi 200 millones de años. Cuando los ecosistemas pudieron recobrarse, los mamíferos se encontraron con que sus principales competidores ya no estaban.

Con todos los logros que habían acumulado en su largo recorrido, se diversificaron y ocuparon todos los nichos ecológicos. Sin competencia, los mamíferos se diversificaron rápidamente en los principales grupos que conocemos hoy: primates, roedores, carnívoros. Esto dio lugar a criaturas tan diferentes como la ballena azul y el murciélago en un tiempo récord.

Así pues, descendemos de una línea muy antigua que ha sufrido altibajos y ha sobrevivido a dos extinciones globales.

Podemos sentirnos orgullosos de ser mamíferos.The Conversation

Pablo Rodríguez Palenzuela, Catedrático de Bioquímica, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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