Por qué el precio de la luz en España está por los suelos

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J. Guillermo Sánchez León, Universidad de Salamanca

En lo que llevamos de 2024 estamos asistiendo a un desplome del precio de la electricidad en España. En marzo de 2024, el precio medio fue de 19,8 euros el megawatio hora (MWh), frente a los 90 €/MWh de marzo de 2023. La cifra es 10 veces menor que el valor medio de 2022, año de la invasión de Ucrania por Rusia.

Hay factores circunstanciales que explican esta situación: la disponibilidad de energía hidráulica y eólica por encima de lo habitual y unas temperaturas elevadas que han disminuido el consumo de electricidad. ¿Es una situación coyuntural o la tendencia a la baja continuará?

¿Cómo se fija el coste de la luz?

Todos los días los productores de electricidad ofertan para cada hora del día siguiente varias cantidades de energía de distintas fuentes a los precios que creen conveniente. Así, el precio final lo establece el precio de la última oferta que ha sido necesaria para cubrir la demanda. El cálculo del precio de la electricidad se realiza en toda la Unión Europea con el algoritmo Euphemia.

Los productores de electricidad no ofertan por lo que le cuesta producir la energía que venden, sino por la expectativa de lo que esperan recibir.

Este método de fijación del precio de la luz fue muy criticado cuando su coste se puso por las nubes al inicio de la guerra de Ucrania. Pero no era el método el responsable del aumento, sino la gran dependencia europea del gas ruso.

Ahora que los embalses están más llenos y tienen que desaguar, la forma de asegurar que su electricidad se introduce en la red es ofertando precios más bajos que el resto. Otro tanto ocurre con la energía fotovoltaica y eólica: tiene que enviarse a la red cuando se produce, incluso si para ello es necesario ofertar a precio negativo, como ha sucedido durante varias horas el pasado fin de semana.

El caso de la nuclear es especial: no puede “apagarse” y “encenderse” a conveniencia. Además, por cada MWh que produce una central nuclear, debe pagar en tasas e impuestos alrededor de 25 euros –el valor exacto depende de cada comunidad autónoma–.

En lo que va de mes, los precios de ventas en el mercado mayoritario no cubren los costes para ninguna fuente. Para compensarlo, necesitan periodos con precios más elevados.

La energía solar desploma los precios

Sin embargo, ahora se está dando una situación nueva: en estos momentos hay en España instalados 28,4 gigavatios solares (fotovoltaica y térmica), que previsiblemente se elevarán a 40 gigavatios en 2026. A estos hay que añadir las instalaciones particulares de autoconsumo, que están experimentando una fuerte expansión.

La demanda de electricidad un día típico es inferior a 30 gigavatios hora (GWh) durante gran parte de la jornada. Eso significa que en las horas centrales del día, cuando hay más sol, la mayor parte de la demanda de electricidad podrá cubrirse con energía solar. Esto tiene un fuerte impacto en el precio de la electricidad.

Durante las horas centrales del día hay una confluencia de las distintas fuentes, que compiten ofreciendo el precio mas bajo. La presencia de gran cantidad de energía solar hace previsible que los precios bajos a estas horas se mantengan por mucho tiempo.

Es un mal panorama para el inversor en nuevas instalaciones fotovoltaicas y para el autoconsumo, ya que pueden producir mucha energía pero recibirán poco por ello.

Efectos para los consumidores

Aunque no se trasfieren directamente los precios del mercado mayorista, pues se aplican factores para disminuir las oscilaciones en el precio, los pequeños consumidores que han optado por tarifa regulada, o PVPC, se ven beneficiados por esta bajada de precios.

Los que están en el mercado libre pagan tarifas pactadas con las empresas comercializadoras. Aunque no se ven inmediatamente beneficiados en las renovaciones de sus contratos, deben observar también una reducción de sus facturas.

Las instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo, acogidas a la tarifa regulada, que vierten su energía excedente a la red en estos momentos lo hacen a un precio bajísimo. Incluso hay momentos que el precio es negativo.

¿Qué ocurrirá en el futuro?

Aunque no sabemos con seguridad qué ocurrirá en el futuro, pueden hacerse algunas especulaciones con fundamento.

El precio de la electricidad debe valorarse con los datos de periodos largos (bastantes meses). Cuando el exceso de energía hidráulica disminuya y las temperaturas aumenten, y con ello la demanda de electricidad, probablemente aumentarán los precios.

Sin embargo, la gran potencia de energía eólica y, sobre todo, solar mantendrán un precio a la baja especialmente en las horas centrales del día. Cuando no hace sol –por las noches– y el viento es escaso, se necesita energía que garantice el suministro. La energía nuclear es fundamental si se quiere utilizar fuentes no emisoras de CO₂.

A medio plazo, los productores de electricidad tienen garantizados los precios por la energía producida en algunas instalaciones renovables. Pero esa situación no es válida para el inversor que se quiera meter en nuevas instalaciones ni se prolongará indefinidamente.

Además, gran parte de los ingresos de las eléctricas proceden de contratos acordados con las comercializadoras y los productores de electricidad, pero es previsible que disminuyan en línea con la tendencia del mercado mayoritario.

Por otro lado, hay un hecho importante: el consumo eléctrico en España está disminuyendo desde 2018. Estamos en el momento de menor consumo de los últimos 20 años.

Esta disminución se debe en parte a un uso más eficiente, pero hay otros factores que han contribuido: la desindustrialización, especialmente la fuga de instalaciones industriales intensivas en consumo de electricidad por los elevados precios y la falta de una regulación estable. Es importante recuperar este tipo de industrias, y el disponer de energía barata es la forma de hacerlo.

La electricidad supone solo el 25 % de la energía primaria que consume España. Las actuaciones deben estar dirigidas fundamentalmente a aumentar el consumo de electricidad en detrimento de otras formas de energía. Por ejemplo, el empleo de coches eléctricos favorecerá esta tendencia.

Se necesita una política energética consensuada entre los grandes partidos y prolongada en el tiempo. Es posible aprovechar la estupenda situación geográfica de España para ofrecer una energía barata que favorezca la llegada de una industria consumidora de electricidad y desplazar los consumos basados en fuentes fósiles, que es el 67 % de la energía primaria, por energía eléctrica de fuentes no emisoras.The Conversation

J. Guillermo Sánchez León, Instituto Universitario de Física Fundamental y Matemáticas (IUFFyM), Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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